Wilson: El cachorro Labrador

Wilson: El cachorro Labrador

El pequeño Wilson, que bueno en realidad ya no es tan pequeño, pues ahora a cumplido 2 años, curiosamente el dia de los enamorados, (el 14 de febrero fue su segundo cumpleaños) aunque yo siempre le veo tan juguetón e infantil que siempre le veo como el pequeño Wilson.

Es el perro que ahora vive conmigo y es un labrador de madre inglesa y padre español, en concreto su madre es Endagora watercolors y su padre es Kun de Mangiron y su nombre oficial fue Abriel de Mangiron, pues en este fantástico criadero de la raza labrador demangiron es de donde proviene mi perro que ahora se llama Wilson.

Wilson Demangiron
El pequeño Wilson

Es un labrador de color claro y siempre tiene ganas de cachondeo, dicen de los labradores que tiene la eterna juventud y que tardan mucho en ser adultos y perros tranquilos. La verdad no pueden estar más en lo cierto, Wilson podría estar jugando con los niños, los perros jugones como él o con cualquier persona que le enseñe una pelota, un mordedor, un balón o una cuerda, todo el día.

Recuerdo mucho cuando era un cachorro técnicamente hablando, cuando tenía 5 o 6 meses y tenía un nivel de energía en su punto más álgido, cuando no podía estar quieto ni un segundo durante el día y cogía cualquier cosa que estuviera en su radio de alcance vocal.

Wilson
Wilson Demangiron

Qué momentos más intensos, que divertido resultaba para los niños cuando le veían y como se lo pasaba cuando se encontraba con otro vecino perruno de su edad, era pura adrenalina a borbotones, y en parte esto sigue siendo así. Pero había que tener mucha paciencia y amor por él para aguantar a veces sus travesuras, porque la verdad es que Wilson me hizo unas poquitas, ya casi no me acuerdo de todas, pero os puedo contar alguna.

Wilson tiene una gran historial de objetos cotidianos destrozados y elementos decorativos del hogar, redecorados por él, y  ha sido siempre una de sus especialidades. Cuando era un cachorro se dedico a explorar el mundo con sus dientes y sus patitas, aportando su granito de arena para que la casa cambiará poco a poco de aspecto, nunca ha vuelto a ser la que era.

El rodapié siempre le llamo la atención, parece que la madera se parece a un palo del parque y esta blandita para sus dientes, con lo que le gustaba mucho las tablitas de tarima. Las paredes pintadas, especialmente en las esquinas también tenían su atractivo y quiso aportar su toque artesano rascando a ratitos hasta que la pintura formaba parte del suelo.

Pero lo que realmente le volvía loco eran y son los trapos de cocina, las alfombras del baño o la cocina y alguna toalla o albornoz que estuviera a su altura. Esto era la máxima estimulación y no podía resistirse ni cuando estaba yo delante. Por eso nunca más he podido dejar cerca este tipo de cosas, al menos hasta hoy y sobre todo cuando se queda solo, quizá debería haberme esforzado mas como educador en este sentido, ahora lo tengo claro.

Wilson
Wilson

Como buen labrador, a Wilson le encanta todo tipo de comida para perros y de comida en general, es una aspiradora insaciable y come cualquier cosa, incluso si le dejas muchas guarrerías de la calle. Por supuesto le encantan las galletas para perros, los huesos, el pienso natural para perros, los premios, los snacks, las golosinas para perros y todo lo que le llega a su alcance, pero además con las galletas se regocija porque al estar crujientes las puede masticar y morder y le duran un poco mas en la boca que el pienso o las golosinas habituales, porque gracias también a su enorme sabor con ingredientes naturales, las galletas caseras le resultan especiales.

Por todo eso además Wilson desde muy pequeño es uno de nuestros catadores oficiales de todas las galletas para perros que elaboramos de forma natural, y le sientan muy bien, las digiere de maravilla y se pone como loco cuando abro la caja para darle una.

El pequeño Wilson, a los 6-9 meses de edad, seguía por supuesto hecho un trasto y con una actividad que te aceleraba el corazón bien fuera dando un paseo por la calle o bien cuando llegabas de currar, hecho polvo, y te recibía en casa como si no te hubiera visto en 2 meses.

Solo unos meses después de la primera y agotadora etapa de hiperactividad, descubrimiento de su nuevo hogar, entorno y amigos, Wilson se encontraba algo mas a gusto, incluso podría decirse que estaba algo más tranquilo en casa, al menos cuando no había visitas.

Wilson el cachorro labrador
Wilson el cachorro labrador

Superada la etapa de los pises y caconcios tirados por doquier, empezaba una temporada más bonita y, sobre todo, bastante mas higiénica. Es un auténtico suplicio encontrarte en casa sus evacuaciones cada día. Menos mal que no eran muy grandes, porque las galletas para perros son tan digestivas que no le provocaba heces grandes.

En esa época, un dia me ocurrió algo bastante heavy, seguro que a vosotros os hará gracia, pero os aseguro que a mi me produjo de todo menos risas.

Wilson solía soltar su regalito, a media noche, las primeras semanas de acoplamiento en su nuevo hogar. Salvo los primeros días, lo hacía cerca de la puerta, en la entrada, junto al baño.

Yo tengo la mala suerte de tener una casa un pelín mal diseñada, porque el baño es la primera habitación de la casa y está junto a la entrada, con lo que si quiero ir al baño desde mi habitación tengo que atravesar toda la casa, por eso digo que esta algo mal diseñada. Las casas tienen el baño y las habitaciones muy cerca unas de otras, pero mi casa esta mal hecha, que le vamos hacer.

Wilson el cachorro labrador
Wilson el cachorro labrador

Como os decía, por aquel entonces en la puerta del baño siempre me encontraba un regalito por las noches o por la mañanas cuando me levantaba, e intentaba pasar con mucho cuidadito y mirando bien donde pisaba.

Yo ya sabía que aquella era una zona de minas por lo que iba con cuidado, encendía la luz, miraba bien el suelo, abría los ojos bien y esas cosas que se hacen para no pisar la evacuación simpaticona de Wilson.

Pero un día a media noche, no se, quizá eran las 3 o 4 de la mañana y me desperté con unas ganas enormes de hacer pis, (no siempre iba a ser Wilson el que tuviera ganas) y no me podía aguantar más. Entonces fui a toda velocidad al baño como si hubiera fuego en el edificio y de repente pisé en medio del salón algo blandito y calentito.

Wilson el cachorro labrador
Wilson el cachorro labrador

Era primavera y hacia ya calorcito. No me dio tiempo a ponerme ni unas zapatillas porque, como os digo, la urgencia era importante por llegar a la T4 de mi casa, osea el baño, con lo que iba descalzo hacia ese lugar. Pero claro, pisé una toña de mi querido compañero Wilson que ese dia había decidido dejarme un objeto no deseado a mitad camino entre la habitación y el lugar donde si lo dejaba, junto al baño, con lo que no esperaba encontrar nada hasta llegar allí.

Qué momentos tan bonitos hemos compartido. El caso es que además iba dormido, que a esas horas es lo normal, y me acabé desvelando. Sobre todo porque me costó bastante limpiarme y hasta se me ocurrió meter el pie en la lavadora, porque como que no me sentía a gusto después de esa pisada desafortunada.

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